(30)
Te miro tantas veces que ya te veo sin que estés, en cambio a veces no recuerdo cómo es mi cara…
Te escucho cuando hablas y tantas tantas palabras que aún cuando duermo oigo tu voz, en cambio aún no sé cómo suena la mía…
Conozco tus luces y tus sombras, soy capaz de adentrarme en tu corazón a través de tu mirada, pero aún no logré recorrer el laberinto que se creó en mi mente…
Te acompaño en el camino, a donde quieras ir, cuando quieras ir, sólo porque quieras ir, pero por pereza aún no descubrí cuál es mi camino, y si por revelación vislumbro un trocito de ese sendero, me asalta de nuevo la pereza si pienso en recorrerlo…
Quiero un espejo que no me refleje, con rostro propio, que me mire, que me escuche, que me conozca, que me acompañe, y que nunca me juzgue.
