noches

(30)

Te miro tantas veces que ya te veo sin que estés, en cambio a veces no recuerdo cómo es mi cara…

Te escucho cuando hablas y tantas tantas palabras que aún cuando duermo oigo tu voz, en cambio aún no sé cómo suena la mía…

Conozco tus luces y tus sombras, soy capaz de adentrarme en tu corazón a través de tu mirada, pero aún no logré recorrer el laberinto que se creó en mi mente…

Te acompaño en el camino, a donde quieras ir, cuando quieras ir, sólo porque quieras ir, pero por pereza aún no descubrí cuál es mi camino, y si por revelación vislumbro un trocito de ese sendero, me asalta de nuevo la pereza si pienso en recorrerlo…

Quiero un espejo que no me refleje, con rostro propio, que me mire, que me escuche, que me conozca, que me acompañe, y que nunca me juzgue.

(29)

No usa reloj para evitar ser esclavo del tiempo, caminar apurado y sin destino como el resto de la gente;

No usa perfume para evitar ser esclavo de la belleza artificial, máscaras de humo;

Pero usa el humo de un cigarro para esconderse de los ataques de su propia mente, intensa y frágil imaginación.

(28)

Igual que el paisaje cambia con cada paso hacia el horizonte,
igual que el río fluye por el camino,
el corazón y la mente deben cambiar y fluir con cada nuevo amanecer.

Déjame ser tu títere esta noche

Atrás quedan los recuerdos de los puñales que voluntariamente nos clavamos, las heridas abiertas, atrás quedan aunque golpeen el presente y el corazón a veces gotee un poco… atrás queda.

Y aunque el futuro a veces sea incierto, el presente es ahora, y ahora no te veo, te miro, tumbada en la cama, sonriendo, aún empapada en lágrimas, y no es feo quizá porque en una de esas lágrimas se refleja mi sonrisa, y me doy cuenta de la felicidad que me provoca verte tumbada en la cama, sonriendo.

La ingenuidad de dos generales que creen llevar razón y hace que los dos sucumban, que los dos mueran, que hagan la guerra y no el amor.

Pero esta noche no suenan trompetas, ni tambores, nada anuncia nada, y el único sonido es el de una melodía imaginaria, está bien, colgaré mis galones, ponme en su lugar cuerdecitas y hazme danzar, hazme bailar por la habitación sólo como tú quieras, quítate luego tus galones para que pueda ponértelas a ti también, daremos vueltas enganchados a la lámpara, volteretas en la cama, y más y más hasta que las cuerdecitas de ambos se hagan un buen nudo, puede que quizá no extenso en el tiempo pero sí eterno, no caluroso, pero sí cálido.

Te regalo mi noche, haz con ella lo que quieras, regálame una tuya si quieres, mañana, quizá mañana si la melodía ya no suena y las cuerdecitas se han desgastado por el uso, volvamos a reflejarnos en una lágrima, pero hoy, esta noche, es tuya, es mía, y nada más.

(27)

Ten cuidado con lo que dices, el viento que se lleva las palabras siempre vuelve.