mis relatos

La Cara del Moro

Subo un nuevo relato corto, basado en una leyenda popular de la ciudad de Alicante.

El origen de la Cara del Moro que se dibuja en el imponente Castillo de Santa Bárbara…

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(No olvides dejarme tu comentario cuando lo leas)

El juicio del hombre

Hoy soy yo la juzgada, la presunta culpable de genocidio, además de inculparme delitos de destrucción en mi propio hogar. ¿Podría yo demandar al fiscal por delito de apropiación? ¿Quién me tomaría declaración? Él no, claro…

Mi testigo sería el siempre observador Sol, y quizá la caprichosa Luna, si no le provoca alergia sentimental bajar a la Tierra sólo para ayudarme.

Dejo escrito este texto, por si no lograra quedar impune después del juicio del hombre, por si como un soldado raso tuviera que limitarme a obedecer el mandato de alguien con más autoridad. Pero yo existí, recuérdenlo, aunque mi cuerpo y mi alma se escondan presas en una cárcel de soberbia y orgullo, recuérdenlo por favor.

La Naturaleza.

El mejor relato del mundo

Ayer escribí el mejor relato del mundo, tenía de todo, brujas esbeltas y rubias, feroces y grises lobos, una mágica luna azulada que siempre estaba llena, un sol que no quemaba, había un caracol sabio que recitaba proverbios a observadores viajeros, un camino circular que no cambiaba con los pasos pero que siempre conducía a parajes distintos, un bosque lleno de ninfas de color azulado que malvadas ellas atrapaban a los débiles haciéndoles el amor hasta morir, un amor que no era amor.

Que increíble fue leerlo en primera persona, sin bondadoso protagonista que acaparara, sin oscuro y misterioso enemigo que eclipsara.

Lo mejor del relato fue sin duda que nunca acababa, no tenía un número de páginas y si con lápiz se las marcaba éstas procreaban, si quería que la historia fuera feliz tenía que comenzar por la primera página, si quería que la historia fuera trágica tenía que comenzar por la última, si quería que la historia fuera emotiva tenía que leerlo en la cama y si quería que la historia fuera absurda y delirante tenía que voltear el relato para leerlo.

Lo escribí ayer pero no se dónde lo dejé, llevo varias horas buscándolo sin éxito, he vaciado la papelera, he rebuscado en mi ordenador, he desordenado el desafiante baúl, y después de tanta vuelta, creo lo olvidé en un rinconcito luminoso de mi cabeza…

Voy a por un espejo y una lupa.

La caída del Hijo de la Aurora

El vacío completo era la realidad en el reino de Dios, que no era cielo, ni cosmos, ni nada, y a la vez lo era todo, eterno, que no puede ser destruido ni ampliado. Las sublimes energías flotaban sin aire en danza armónica alrededor del Arquitecto, eran los ángeles que aún con resplandeciente brillo propio debían ocultar sus ojos con el plumaje de las alas, pues uno sólo de los destellos de Dios podía cegar cualquier mirada para siempre.

Dios, como todas las energías imperecederas de su reino era neutral, en su pecho no cabían ni el bien ni el mal, pues darle moralidad al Todo sería rebajarlo a la condición de Ser vivo, de Ser pensante, de Ser emotivo. Todos lo sabían y todos compartían su neutralidad, pues eran leyes más fuertes aún que las que nosotros conocemos a través de la naturaleza.

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El Circo ¿de?… El Circo para animales

¡Se abrieron los telones! elefantes, leones, cebras y pulgas toman asiento en las gradas para asistir al Circo más animal que el mundo a disfrutado.

Mamá cebra la repipi ajusta la roja pajarita de su hijo, mientras papá león se burla de ella a la vez que guiña de reojo a su enano nada pequeño…

- La magia de lo imposible, el milagro del sueño, el Circo de… ¡El Circo! – grita con euforia el bajito humano que no quiso crecer más, con grueso bigote de caracol y tópicos ropajes circenses.

El suelo del escenario explota dando paso a miles de diminutas chispas de luz que caen suaves, y de entre tanta chispa, cuatro saltos rítmicos, cuatro bailarinas y acróbatas que utilizando un mágico ilusorio cordel invisible, vuelan por el aire entre giros y volteretas, tan rápido van que el color azulado de sus ajustadas mallas impregna el viento creando una enorme ventana a un falso cielo despejado. Cuatro gemelas perfectamente sincronizadas, cuatro gemelas, un mismo corazón, tan lleno de movimientos, tan tan lleno está que nadie más es capaz ni a empujones de entrar en él, pero él se dio por vencido y se conforma con llenar visualmente el corazón del espectador.

Un alto potente en la melodía anuncia la llegada de la bestia, y cuatro nobles forzudos arrastran volteando por el interior de las gradas la jaula de un humano barbudo, sucio y gordo, violento mira a todas partes, insulta a las mamás, a los papás, a los niños, a los ancianos, a su progenitora, a la progenitora de sus hijos, a todos, menos a papá león, a él no.

- Pequeñita cebra no tengas miedo, está en una jaula – tranquiliza sonriente anciano elefante al niño de la pajarita.

Un grito simpático de dolor resuena en el complejo… ¡Es la hora de los payasos! Gritan todos… Y ahí están, cuatro blancos hombres, más blancos que la harina, de traje y corbata corren de un lado a otro, mientras los ilusionados niños cebra y las burlonas pulgas amontonados todos casi encima de la valla que separa las gradas del escenario, lanzan billetes de colores, verdes, azules, rojos, amarillos, naranjas, riendo a carcajadas por las bobadas y las piruetas locas que los payasos hacen para agarrarlos.

¡BIENVENIDOS SEÁIS AL CIRCO DE LOS SUEÑOS PARA ANIMALES! : )