¡Se abrieron los telones! elefantes, leones, cebras y pulgas toman asiento en las gradas para asistir al Circo más animal que el mundo a disfrutado.
Mamá cebra la repipi ajusta la roja pajarita de su hijo, mientras papá león se burla de ella a la vez que guiña de reojo a su enano nada pequeño…
- La magia de lo imposible, el milagro del sueño, el Circo de… ¡El Circo! – grita con euforia el bajito humano que no quiso crecer más, con grueso bigote de caracol y tópicos ropajes circenses.
El suelo del escenario explota dando paso a miles de diminutas chispas de luz que caen suaves, y de entre tanta chispa, cuatro saltos rítmicos, cuatro bailarinas y acróbatas que utilizando un mágico ilusorio cordel invisible, vuelan por el aire entre giros y volteretas, tan rápido van que el color azulado de sus ajustadas mallas impregna el viento creando una enorme ventana a un falso cielo despejado. Cuatro gemelas perfectamente sincronizadas, cuatro gemelas, un mismo corazón, tan lleno de movimientos, tan tan lleno está que nadie más es capaz ni a empujones de entrar en él, pero él se dio por vencido y se conforma con llenar visualmente el corazón del espectador.
Un alto potente en la melodía anuncia la llegada de la bestia, y cuatro nobles forzudos arrastran volteando por el interior de las gradas la jaula de un humano barbudo, sucio y gordo, violento mira a todas partes, insulta a las mamás, a los papás, a los niños, a los ancianos, a su progenitora, a la progenitora de sus hijos, a todos, menos a papá león, a él no.
- Pequeñita cebra no tengas miedo, está en una jaula – tranquiliza sonriente anciano elefante al niño de la pajarita.
Un grito simpático de dolor resuena en el complejo… ¡Es la hora de los payasos! Gritan todos… Y ahí están, cuatro blancos hombres, más blancos que la harina, de traje y corbata corren de un lado a otro, mientras los ilusionados niños cebra y las burlonas pulgas amontonados todos casi encima de la valla que separa las gradas del escenario, lanzan billetes de colores, verdes, azules, rojos, amarillos, naranjas, riendo a carcajadas por las bobadas y las piruetas locas que los payasos hacen para agarrarlos.
¡BIENVENIDOS SEÁIS AL CIRCO DE LOS SUEÑOS PARA ANIMALES! : )

sí quedaban! lo que pasa es que ya lo sabía…
porque yo era la jirafa de la última fila…